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¡Bienvenido a casa, bebé! | Bärdjan

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¡Bienvenido a casa, bebé! | Bärdjan

Mensaje por Ardjan J. Van Dijken el Jue Abr 14, 2016 9:56 am

Margot, doña señora terquedad, se dispuso hace ya varias semanas atrás en ordenar los muebles para la casa que finalmente compramos con Bärbel. Ninguno pretendía la casa en plena cuidad o en una departamento. Los dos nos gustaba la idea de ver jugar al niño en el jardín y de paso buscar una casa lo suficientemente alejada del tránsito para estar tranquilos, sin esos molestos ruidos. La mejor opción fue ir a un country privado donde el jardín rodeaba la casa y no había ruidos molestos alrededor. De hecho contaba con una especie de naturaleza detrás de la casa, ando una atmosfera mucho más relajada y hogareña. Tras el nacimiento del gordo, y con unos días en el hospital para controles médicos, Bärbel y Morgan obtuvieron el alta médica de Viktor. No ocurrió ningún problema con ellos, estaban perfectos. El bebé era fuerte y sano, mientras que Bärbel, a pesar de algunos dolores, también había sido fuerte y ya pasaría los días sin mayores dificultades. Sospecho que lo más difícil de ahora en más seria la convivencia y el cuidado del bebé.

Aparque el coche en frente de nuestra nueva casa. Era gigante, enorme, monumental y perfecta. Cada uno tendría su pequeño espacio personal, Bärbel con su estudio donde llegaría su cargo como empresaria en la organización de su familia, y yo con un estudio improvisado jurídico. Hasta Momo tenía su propia habitación de juegos, de momentos sin mucho uso porque era apenas un bebé. – Odio a tu abuela pero nos ayudo mucho con la mudanza, sino hubiera sido una locura. – Y en efecto así hubiera sido, con el bebé y encima con una mudanza no íbamos a poder con todo. Todavía nos resta acomodar los muchos regalos de Morgan, ver qué era lo que necesitábamos. Si es que algo faltaba, cosa que dudo mucho.

Baje del coche ya aparcado. Di la vuelta hasta la puerta del copiloto con obvias intensiones de ayudar a Bärbel a descender con el gordo en brazos. Milagrosamente estaba dormido, momento indicado para acomodarnos un poco en la nueva casa. – Ve a la casa, yo bajare las cosas. – Le avise a la rubia mientras sujetaba la puerta aguardando a que bajara del automóvil. – ¿Crees que dormirá mucho tiempo? – Hable, refiriéndome al gordo. – Hay que acomodar su cuarto y no soy bueno para acomodar las cosas. – Use de excusa, sonriendo al finalizar de dialogar con ella. Los segundos siguientes me quede en silencio admirando la más bella escena que vi, ella con nuestro pequeño en brazos. No me cansaba de decirlo ni sentirlo ni pensarlo, ellos eran los amores de mi vida.

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Re: ¡Bienvenido a casa, bebé! | Bärdjan

Mensaje por Bärbel A. Vermeer el Jue Abr 14, 2016 8:52 pm

El camino hacia su hogar era lo que Bärbel más había adorado de todo ese enorme cambio que estaban haciendo. En primer lugar, cuando se alejaban de la ciudad, la rubia había pensando que todo quedaba demasiado lejos pero luego, el buen paisaje, la tranquilidad y el hermoso camino la había convencido de que era lo mejor. La casa tenía la máxima seguridad, y cuando la vio la primera vez, quedó enamorada. ¡Era justo, tal cual lo que ella había imaginado! Más le gusto la casa aún desde adentro, con esas galerías elegantes, rodeadas de cristales para poder observar todo alrededor. Se imaginó a su bebé gateando por la casa, corriendo por los pasillos y de más grande, bajando las escaleras siendo adolescente. Imaginó fiestas de cumpleaños, reuniones familiares, cenas con sus amigos. Prácticamente, su vida había pasado y aquella casa era la ideal. Para su suerte, Ardjan había pensado exactamente igual.

Se va a despertar pronto, amor. Es algo inquieto—respondió a Ardjan y bajó del auto, observando otra vez ese gran espacio de estacionamiento. Inhaló el aire fresco de la tarde y cubrió con mayor protección el cuerpo de su bebé. Bärbel lo cuidaba mucho, incluso era estricta con sus horarios de alimentación, seguía al pie de la letra cada uno de los consejos de Viktor y de su nana—. Tendremos tiempo de sobra para acomodar todos sus regalos. Todos fueron muy buenos con nuestro bebé, ¿verdad?—sonrió con felicidad. Los regalos habían sido literalmente increíbles.

Entrar en la casa, con su bebé en brazos, era una experiencia inexplicable. La emoción era mucho más fuerte que la primera vez, y la casa... Increíble. Ver todos aquellos muebles nuevos, la decoración moderna y la vez elegante, sofisticada. Bärbel recorrió la entrada, observando cuadros y floreros bellísimos. Mi abuela, su buen gusto es de lo mejor, pensó con emoción, mordiendo su labio inferior—. ¡Quedó todo tan hermoso, amor! Esto debió ser un trabajo muy difícil—siguió avanzando hacia la sala y miró a Morgan que al parecer se había despertado apenas al entrar a la casa—. ¿Te gusta tu casa, bebé? Yo sé que sí te gusta mucho...—habló con su niño y siguió avanzando, dejando sobre el sofá su bolso con todo lo necesario para Momo—. Me va a costar muchisimo acostumbrarme. Estaba muy acostumbrada a mi fraternidad y a la casa de mi abuela—sintió cierta nostalgia pero también nervios, debían enfrentar algo totalmente nuevo para los dos y temió fallar. Volvió a ver a Momo y le hizo gestos graciosos mientras él la miraba, obviamente el niño no entendía nada pero ella sabía que sentía su amor—. Deberíamos contratar al menos alguien que me ayude con la limpieza, amor, ¡la casa es enorme!—rio un poco, asustada por todo lo que tendría que hacer. Sólo deseaba ayuda con ello, para cocinar podía hacerlo ella misma al menos hasta que tuviera que trabajar—. ¿Te conté que hablé con mi abuela acerca de mi nana? Me dijo que sí, que me la presta—caminó hacia su novio y arrugó la nariz. Su nana sería de gran ayuda para el cuidado de su pequeño.

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Re: ¡Bienvenido a casa, bebé! | Bärdjan

Mensaje por Ardjan J. Van Dijken el Vie Abr 15, 2016 7:21 pm

Fui por las miles de bolsas que quedaron en el coche. Una a una las fui retirando de la parte trasera, cargando mis brazos con todas ellas pues me negaba a tener que hacer un segundo viaje. Mi intensión era llevarlas a todas de una sola vez, apenas eran unos metros ¿Qué tan complicado puede ser?

Cerré la puerta del coche como pude, sin usar las manos que estaban cargadas de las bolsas.  Apresure mis pasos hasta la casa, luchando para no dejar caer nada en el trayecto. Apenas puse un pie dentro de la casa me relaje, dejando unas bolsas apoyadas sobre el piso. De milagro no deje nada tirado, fue una misión cumplida a la perfección. – Si, muy buenos. – Aparte las bolsas para poder llegar a ellos, a los amores de mi vida. Envolví la cintura de Bärbel con mis brazos y deje que su cuerpo entero quedara recordado contra mi torso. Cualquiera que viera la imagen se daría cuenta de los felices que estábamos Bärbel y yo. Tal vez con miedos ocultos que no eran perceptibles por nuestra emoción de ser padres y ahora de estrenar una casa hermosa. Mis labios se posaron en su mejilla durante unos segundos. Entiendo que para la rubia esto no era algo fácil, tendrá su tiempo de adaptación y si, las primeras semanas será una completa locura. – Lo harás bien. – Mire a mi bebé, tenía sus ojos abiertos de par en par y nos observaba fijamente. Subí los brazos, dejando a ambos sobre los brazos de Bärbel. Parecía ser que ambos sujetaban al bebé. – Si, luego vemos eso… – Ahora no era el momento para hablar de la organización de la casa, tenía más ánimos de estar con ellos, creando recuerdos que no íbamos a olvidar en nuestras vidas.

Regrese a buscar las bolsas, odiaba que estuvieran en la entrada estorbando en el camino. – ¿Dijo que si? ¿No le habrás prometido que puede venir a pasar días aquí, o si? – Pregunte molestando un poco por el asunto, cosa que no sería tan graciosa si realmente sucediera. No me encontraba listo para lidiar con una mudanza, con el bebé y encima con las actitudes asquerosas de Margot. Aquello colmaría mi paciencia a sobremanera. Bärbel regreso a mí con un gesto muy divertido en su rostro. Aquello me robo una sonrisa. – Eres tan hermosa, amor. – Acaricie su mejilla dulcemente. – ¿Tienes hambre? Yo sí… podemos picar algo mientras dejamos las cosas del bebé en su cuarto. –

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Re: ¡Bienvenido a casa, bebé! | Bärdjan

Mensaje por Bärbel A. Vermeer el Dom Abr 17, 2016 3:35 pm

Los abrazos de Ardjan eran totalmente reconfortantes para Bärbel, él sabía cómo hacerla sentir única y protegida, con todo su cuerpo expresaba más que con palabras. Sintió que el cuerpo se lo estremecía de sentirlo cerca y sonrió, observando a su hijo que miraba hacia todos lados, haciendo sus primeras exploraciones de la vida—. No tienes la mínima idea de cuánto extraño esos abrazos fuertes—comentó a Ardjan, apenas girando su cabeza hacia atrás. Habían pasado pocos días y en el hospital no había sido posible besarse o tocarse demasiado, no así como ella deseaba. Ahora que los momentos más importantes habían pasado, la rubia sabía que tendrían su tiempo para volver a acostarse juntos y dejarse llevar por lo que sentían. Mientras Momo lo permitiera—. Luego lo vemos, está bien. Pero yo haré las entrevistas, y serán señoras. Nada señoritas—hizo una mueca de molestia pero no era más que el intento de demostrar qué tal celosa podría ser de cualquiera mujer.

Cuando Ardjan volvió a alejarse, Bärbel aprovechó el momento para sentarse en el sofá de la casa. Dio pequeños brincos sobre él y sonrió, ¡eran increíbles! Estaba suaves, elegantes, blandos— ¿Los sillones los elegiste tú, amor? Creo saber porque…—le dedicó una mirada picara y luego negó con la cabeza—. Porque también se pueden usar de cama, ya sabes, por si me enojo y eso—volvió la mirada a Morgan y acarició su mejilla—. Dejaremos fuera de nuestra cama a papá si se porta mal, ¿verdad, bebé?—le dio otro beso a Momo y se pudo de pie otra vez, no quería dormir, no quería descansar ni nada en absoluto, solo quería recorrer la casa de pies a cabeza, al final, ese sería su hogar para toda la vida o al menos mucho tiempo.

No le prometí nada, Ardjan. No lo haría sin preguntarte antes. Pero ella aceptó para que esté de espia o algo así, estoy segura. Llamará a mi nana siempre y le hará hablar sobre todo lo que pasa aquí—habló como si fuera algo muy serio, toda una conspiración y haciendo quedar a su abuela como la villana malvada. No lo era pero Bärbel no mentía, Margot haría de todo por saber cómo estaban su nieta y su bisnieto, Ardjan le daba igual. Volvió hacia él, y le dejó un beso en su barbilla, esa zona donde su barba crecía cada vez y que a ella le encantaba—. Sí, tengo hambre. Dime que la heladera está llena—susurró contra su rostro y sonrió—. Extrañaré mis antojos, que sean una ley para ti. Y también mi panza pero al fin voy a poder dormir boca abajo sin ningún problema—dijo aquellas cosas como si sintiera alivio, pero ella siempre sacaba algo positivo de lo negativo¿Dónde quedó al final la habitación de Momo? Aunque dudo que vaya a usarla por el momento—sonrió y acarició el rostro de Ardjan. La cuna de Morgan debía estar en su propia habitación, cerca de ellos, para poder verlo y controlarlo cada segundo que fuera necesario.

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Re: ¡Bienvenido a casa, bebé! | Bärdjan

Mensaje por Ardjan J. Van Dijken el Dom Abr 17, 2016 5:08 pm

– Bien, como gustes, amor. – No hubo oposición al respecto, al contrario, yo también prefiero a una señora mayor como ayudante para la casa. Detesto tener malos momentos con Bärbel, sea cual sea el motivo, pasamos muchos momentos difícil para volver a revivir esas emociones horribles. Odiaría tener que distanciarme de nuevo, convivir con la sensación de extrañarla y de necesitarla conmigo, sobre todo ahora que tenemos un bebé en común. Los extrañaría a ambos. Con Momo en nuestras vidas es mejor disfrutar de ella y no lidiar con problemas, eso quedo en el pasado, ahora era tiempo de ser más felices que nunca. – ¿Te dije que me encantas cuando te pones celosa? – Apoye los brazos sobre el respaldo del sofá donde Bärbel estaba sentada. Una risa escapo de mis labios al verla dar pequeños botes, probando la resistencia de aquel mueble. – Tengo una vaga idea de cómo podemos poner a prueba el sofá, para ver que tanto resiste. – Mis palabras tenían otro sentido, uno que Bärbel resolvería al instante. Ya llevamos muchos meses sin estar juntos, conteniendo ese deseo por el cuerpo del otro. Extrañaba sus caricias, esos besos húmedos que me encendían. Ahora todo parece estar a nuestro favor para recuperar la llama. Mi ceño se frunció y seguido a eso negué con la cabeza. – Iré a la habitación de huéspedes, no dormiré aquí… acabare con un dolor de espalda terrible. – Sonreí. – Además me portare de diez, no vas a echarme de la pieza. – Dije con seguridad y orgullo.

Bärbel tiene razón, Margot no era tonta y sabe muy bien cómo mover sus piezas. Ahora, luego de aquella aclaración de la rubia, no resultaba tan descabellado que la señora del mal accediera a ceder a la nana de Bärbel. ¿Cómo no lo note antes? Estoy perdiendo el toque. Aparte mi cuerpo del sofá, apenas unos centímetros, girando en dirección a la rubia. – Si, está llena… como toda heladera de gordos. – Bromee con nuestra fascinación por la comida. Hace días tuve la oportunidad de hacer unas compras, aprovechando que Bärbel estaba en el hospital con el cuidado de sus hermanas y hermanos de fraternidad. Las compras consistían en comida chatarra, literalmente. Helado, chocolates, refrescos, algunos postres para preparar, etc. – Amor, sabes que pidas lo que pidas lo voy hacer. – Rodé los ojos por su mínimo dramatismo. Es cierto que durante el embarazo, sus antojos eran órdenes a seguir al pie de la letra. Ahora con Momo fuera de su abdomen, aquella situación no iba a cambiar demasiado. – Y no solo vas a poder dormir boca abajo… – Reí con picardía contra sus labios, estando al borde de besarla pero no lo hice. Al segundo siguiente decidí por alejarme, dejando a Bärbel con las ganas. – Su habitación esta junto a la nuestra, y del otro lado estaría tu oficina si gustas… la mia quedo en la parte de abajo. – Intente hacer memoria y recordar la ubicación de cada habitación sin error. El terreno era gigante, y la casa con muchas habitaciones, todas amplias y muy iluminadas. Eso me gustaba, saber que todos los días vamos a poder contar con el sol entrando por nuestras habitaciones a través de los enormes ventanales que revestían el exterior de la casa.

– Mira… anda subiendo a la habitación, yo preparo algo y subo ¿Si? – Ahora sí, ya sin aguantar más, le robe un beso de sus labios. Fue breve, simple y dulce. Aquello me dejo con ganas de partirle la boca, pero no podía con Momo viendo todo ahí. – Podemos dejar a Momo un ratito en su camita y… no sé, mimarnos un ratito. – Moví las cejas de forma sugerente, siendo indirecto pero claro a la vez con lo que intentaba decir. Sé que al igual que yo, Bärbel tenía esas ganas contenidas, y que los dos estábamos aguardando por el momento indicado para dejarnos llevar por el amor que nos teníamos uno al otro. – Oh… y también tengo un regalo para ti, atrasado pero es un regalo de aniversario. - No di muchos detalles, mi intención era jugar con su curiosidad. – Lo deje en tu oficina. –

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Re: ¡Bienvenido a casa, bebé! | Bärdjan

Mensaje por Bärbel A. Vermeer el Lun Abr 18, 2016 11:33 am

Sé que te gusta que me ponga celosa, pero a mi no—hizo una mueca y luego sonrió, negando suave con su cabeza. ¿Había peor sentimiento que ese? No, para ella no había. Jamás había sido muy celosa, sí con su abuela pero con ningún hombre nunca. Hasta Ardjan lógicamente, pero para su suerte, no era exagerada solo precavida y ella no imaginaba los celos, sólo se dejaba llevar por lo que en realidad veía—. ¿Quieres decir teniendo sexo? Me gusta la idea, ya te extraño mucho—le dedicó una mirada sugerente y luego volvió a sonreír—. Eso vamos a verlo, vamos a ver qué tan bien se porta papá—Bärbel puso en vela de duda aquello y pensó en que si se enojaba con él y llegaba a esas circunstancias, seguramente lo extrañaría muchísimo en su cama, tanto que quizás acababa metiéndose en la misma cama que él en la habitación de huéspedes a mitad de la noche.

¿Qué quisiste decir con eso de que no solo dormiré boca abajo?—lanzó una risa leve haciéndose la inocente y tratando de no hacer mucho ruido para que su bebé no se asustara o se aturdiera. Bärbel estiró la cabeza en el momento justo para besarlo pero... Fue un oso bien logrado por parte de Ardjan. Cerró sus ojos un momento y mordió su labio inferior, sintiendo el sabor de ese beso que no fue. Las indirectas iban y venían, una constante que se había repetido desde que llegaron a esa casa. Se notaba que se habían contenido mucho tiempo, Bärbel sabía que ese reencuentro en la cama o donde fuera sería... candente—. Perfecto amor. Espero que no sea un gran trabajo subir y bajar las escaleras constantemente—sonrió y caminó por la sala, dedicando un segundo una mirada rápida a las escaleras. Su oficina, sonaba realmente genial, siempre había soñado con una y ser como su abuela, levantar el teléfono y dar órdenes, sentir que podía mover montañas con solo dos palabras en la empresa. Soñaba despierta pero algún día su abuela no estaría y ella quedaría al frente con Laurien, aunque como iban las cosas, Lau jamás se había interesado en negocios.

Bärbel asintió con la cabeza por las ideas de Ardjan y lo besó, mordiendo su labio para dejarle en claro cuánto lo deseaba. Caminó hasta las escaleras para subir los primeros escalones. Quería ver cómo había quedado la habitación, la de Momo, las oficinas de ambos ahora que podían trabajar de lo que habían estudiado esos años—. Haré dormir a Momo—elevó una ceja y giró para seguir subiendo. Cuando casi estuvo arriba, oyó sobre aquel regalo de aniversario. La rubia giró para mirar a su novio y contener la sonrisa le costó demasiado. ¿Se había tomado el tiempo de hacerle un regalo? ¿En serio? ¿Con toooodo lo que estaban viviendo? Definitivamente ese hombre la volvía loca—. Muchas gracias, Van Dijken. Iremos a ver su regalo justo ahora—movió a Morgan en sus brazos y avanzó por el pasillo, buscando detrás de las puertas su oficina. Abrió una y observó el baño, limpio y elegante; cerró y siguió hacia la otra puerta encontrándose con la habitación de huéspedes. En la siguiente llegó a la oficina, estaba alucinante. Había un enorme escritorio, con todos aquellos elementos necesarios para pasar horas allí sentada: biromes, papeles, libretas, portafolios, libros, una linda lampara y un florero. Además la silla era enorme y la sala iba acompañada de pequeños sillones, cuadros de paisajes así como a ella le gustaban. Una biblioteca hermosa con madera tallada... era la de su abuela, de eso no había dudas. Está hermoso, se sentó en la enorme silla y jugó con ella y luego recordó por qué había entrado allí: los regalos. Buscó con la mirada y los vio, sobre una repisa que tenía algunos retratos de Ardjan y ella. Se acercó y lo fue observando uno a uno: todos tenían que ver con Momo, su más grande felicidad. Sintió mucho emoción y miró a Morgan, quien ahora dormía.

Dejó la oficina y siguió hasta el cuarto de ambos. Como la oficina, estaba increíble. Se acostó en la cama con su bebé y se mantuvo quieta esperando a Ardjan, acariciando la cabecita de su hijo. Sentía que su vida apenas estaba empezando, que todo iba a ser difícil pero no importaba mientras lo disfrutara.

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Re: ¡Bienvenido a casa, bebé! | Bärdjan

Mensaje por Ardjan J. Van Dijken el Mar Abr 19, 2016 9:57 am

¿Subir y bajar las escaleras constantemente? Eso ni hablar, Ardjan haría ese trayecto una sola vez, cargando los montones de bolsas como le fuera posible. Cualquier persona normal optaría por dos viajes como mínimo, asegurando que las cosas no sufrieran un accidente. Ardjan queda exento de ese grupo de personas, pues él no se esforzaría más de lo necesario. El castaño quedo de pie a pocos metros de las bolsas, mientras que su esposa e hijo subían las escaleras al segundo piso de la casa. Ardjan apenas giro la cabeza notando como Bärbel se perdía de su visión. También quedo con varios pensamientos dando vueltas por su cabeza, todo producto de las palabras que la rubia menciono minutos atrás. Ambos se necesitaban, reanimar esa llama que se mantuvo muy baja por los meses del embarazo pero ahora todo parecía cambiar, aquel deseo no se mantendría mucho tiempo en pausa, Ardjan lo sabía. – Dios, que nada se arruine… - Rogo el muchacho antes de ir tras las bolsas y sujetarlas entre sus brazos. Fácilmente hubo dos intentos fallidos por poder acomodar todo, de tal forma que nada se cayera al suelo durante el camino. Recién al tercer intento, Ardjan, pudo mantener las bolsas firmes y sujetas a sus extremidades. De igual forma sus pasos fueron muy calculados y lentos, algo impropio de él. La tortura extrema fueron esos escalones que parecían no terminar jamás. Ardjan no veía las horas de llegar a la cima, victorioso por no haber cometido ningún error y haber llevado todas las bolsas de una sola vez. “¿Ves? Te dije que podía” eran las exactas palabras que Ardjan deseaba producir en frente de la rubia, aunque claro, haber llegado a la cima no era el último paso, sino haber superado lo más complicado que era subir las escaleras.

Por fin, el castaño llego al segundo piso. Ahora restaba llegar a la alcoba del bebé y listo, fin de la tortura. Ahora los pasos de Ardjan si se veían mas apresurados que antes, parecía ser que la lentitud había quedado perdida en alguno de los escalones de las escaleras. Cuando entro a la habitación pudo suspirar de alivio, decir que oficialmente la misión había acabado con un rotundo éxito. – Subir y bajar las escaleras, claro que sí. – Murmuro sonriente pero al segundo siguiente algunas bolsas cayeron al suelo. Para suerte del muchacho, las bolsas que cedieron solo contenían peluches y algunos calzados para el bebé, nada que pudiera haberse arruinado por esos segundos de descuido. Una horrible sensación recorrió la espalda de Ardjan, que quedo pálido hasta haber notado que nada se había roto. Retomando el cuidado de antes, Van Dijken dejo las bolsas sobre el suelo, despreocupado de ellas, ya luego habría tiempo para dispersar todo y dejar la habitación del bebé con más vida, pues ahora solo era una sala con muebles y algunos cuadros.

Ardjan fue a la habitación de al lado, donde Bärbel estaba con el bebé. Los vio a ambos recostados sobre la cama, Momo ya fundido en un sueño profundo, o eso pensó Ardjan apenas lo vio. – Lograste que durmiera, debes enseñarme a hacer eso. – Sonrió el castaño, aproximándose a ellos muy lentamente. Al llegar al borde de la cama comenzó a inclinarse hacia la rubia. Cada una de sus manos quedaron a cada lado de ella, al nivel de su cintura, encerrándola literalmente. – ¿Por qué lo hiciste dormir? Aun no conoce ni la mitad de la casa. – Bromeo todavía manteniendo la sonrisa, ahora un poco mas insinuante que antes. Los labios de Ardjan se abrieron, atrapando los de la rubia. Fue un beso muy lento que puede resumir las emociones encontradas de ambos. A pesar de ser lento no perdió la intensidad, fue fogoso. – ¿Te gustaron tus regalos? – Hablo contra sus labios, volviendo a iniciar al beso apenas las palabras se apagaron. La diestra del chico subió por los costados del cuerpo de Bärbel, pasando de la cintura a sus costillas, continuando el camino ascendente y acabar reposada sobre su mejilla. – ¿Quieres saber un secreto? – Susurro muy suave, sin intenciones de despertar al bebé. Ardjan llevo sus besos al cuello de Bärbel, simplemente para alargar el momento de la confesión y de paso aprovecharse un poco, besarla como hubiera deseado hacerlo en el hospital. – La ducha de aquí es muy grande. – Dejo una mordida en su cuello. – Y no es el único lugar donde me gustaría estar contigo. –

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Re: ¡Bienvenido a casa, bebé! | Bärdjan

Mensaje por Bärbel A. Vermeer el Jue Abr 21, 2016 8:36 pm

¿Ya subiste todas las bolsas, amor? ¿Tan rápido?—se sorprendió por la velocidad en que su hombre había logrado subir cada unas de las cosas de Momo a su habitación, porque sin dudas habían sido muchas, cada una de esas bolsas y paquetes con regalos que Bärbel había tenido poco tiempo de ver, seguro quedaría maravillada por todas aquellas cosas—. Parece que tengo a Batman en casa—elevó las cejas y rió levemente por su broma. Lo vio acercarse y mantuvo una sonrisa leve, pensando en lo bien que se veía, tan maduro, tan fuerte y tan feliz como ella, le encantaba ese hombre, la volvía completamente loca y quizás Ardjan desconocía hasta qué punto. Se alegraba de que su vida con él siguiera, que el embarazo -sorpresivo para ambos- no los hubiera separado como sucedía muchas veces en otras parejas sino todo lo contrario. Estaban más unidos que nunca, se amaban y su bebé no había sido "un error". Volvió los ojos hacia Morgan, ¿cómo podía ser un error un ser tan perfecto? Imposible.

Sintió sus manos en su cintura y se derritió, suspirando muy suave al sentir su calor otra vez como cuando la había abrazado abajo—. ¿Qué está insinuando, señor Van Dijken? ¿Que dormí a mi bebé para tener... intimidad?—bromeó y observó el rostro de Ardjan, sus ojos azules recorrieron esas facciones de sus ojos a sus labios, peligrosamente cerca de ella. Seguía sintiendo ese deseo irreprimible por besarlos, así como le había pasado muchas veces apenas al conocerlo y se había mantenido al margen de arruinar "negocios"; cómo habían perdido el tiempo con esas cosas—. Se durmió solito, yo solo acaricie su cabeza—dijo apenas antes de que él acortara las distancias para besarla; la rubia correspondió sin perder tiempo, sintió el calor subir por sus piernas y concentrarse en ese roce de sus bocas: caliente, húmedo, intenso. No había nada más excitante que un beso así, lento e insinuante después de pasar algún tiempo sin intimidad. No importaba eso, la llama seguía intacta, mucho más intensa de lo normal.

No llegué a verlos todos amor...—murmuró contra los labios de Ardjan y llevó la mano a su nuca para acariciar, teniendo cuidado de su bebé que seguía a su lado, muy dormido—. Me encantan tus secretos...—sonrió y sintió con mucho calor el recorrido de su mano por su cuerpo. Joder, no hagas eso, pensó con placer cerrando sus ojos un momento al sentir ese beso en su cuello; la piel se le erizó completamente oyendo sus palabras lentas, susurradas de una forma muy seductora—. Tenemos ducha grande, sillones cómodos... Mi oficina está tan... complaciente—giró lentamente hacia Ardjan y lo besó en la boca otra vez, haciéndole saber con ese beso lo mucho que lo necesitaba, lo amaba y lo quería para ella siempre, a cada momento. Sus manos recorrieron su espalda y lo acercaron más a ella, el calor en su delgado cuerpo aumentaba con los segundos pero mantenía la calma, aquella unión de bocas además de pasional era romántica—. Dejaré a Morgan en su cuna—recuperó el aliento separándose de Ardjan y volvió la mirada hacia Momo, no quería hacer un movimiento brusco sin querer y golpearlo o despetarlo cuando apenas había cerrado sus ojos.

Tomó al niño entre sus brazos y le dejó un beso en la frente al momento en que se ponía de pie para ir hacia la cuna. Lo cubrió con una mantas ligeras y acarició su cabecita antes de girar y mirar hacia Ardjan, manteniendo la distancia de pie junto a la cuna—. ¿En qué estábamos, amor?—sonrió y dio unos cuantos pasos hacia la cama. Con ligereza, como un animal al asecho se deslizó por la cama sobre su cuerpo sin dejar de mirar sus ojos y ahí se mantuvo, sobre él y solo mirándolo fijamente—. Te necesito mucho—solo quería besarlo y tocarlo, sentirlo cerca de ella para poder estar completa, no importaba si esa tarde terminaba en sexo o no, mientras estuviera cerca nada más importaba.

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Re: ¡Bienvenido a casa, bebé! | Bärdjan

Mensaje por Ardjan J. Van Dijken el Vie Abr 22, 2016 1:49 pm

El muchacho asintió con la cabeza, acompañando tal movimiento con una sonrisa apenas identificable. – Soy eficiente. – Fue su respuesta, un tanto arrogante pero como proviene de Ardjan no es nada nuevo. El ex universitario siempre fue egocéntrico, creído y seguro de sí mismo. Pensaba que todo lo podía, que cada cosa que realizaba era perfecta y era la mejor opción. Siempre había que hacer las cosas al modo de Van Dijken, de lo contrario los resultados no serian los mejores. La feliz pareja observaba a su bebé completamente dormido a centímetros de ellos. Morgan parecía transmitir paz y tranquilidad, sensaciones que el holandés sin dudas estaba experimentando justo ahora. Su hijo estaba bien, feliz y con una familia que lo llenara de amor incondicionalmente. Lo amaron desde el primer momento, sin importar que su llegada fuera sorpresiva y para nada planeada. Morgan cambio muchas cosas, tanto en Bärbel como en Ardjan, hubo sacrificios de ambas partes y ahora, al tener al bebé allí, todo parecía tener sentido para ellos. Cada cambio vale la pena. Morgan lo vale todo.

Bärbel comprendió de inmediato lo que Ardjan pretendía insinuar, mientras que este ultimo aun jugaba con el papel de desentendido. – Yo no insinué nada, fuiste tú. – Respondió con aquella sonrisa picara en sus labios, señal de que había varias ideas interesantes dando vueltas por su cabeza. Ardjan se limito a callar las palabras de la rubia con un beso, uno que tardo en llegar pero que ambos disfrutarían. Mas allá de la alegría visible de ambos, de las cosas que se dijeron todos estos días en el hospital, nada reemplazaba una demostración física de su felicidad. Ya sea una caricia o un beso, eran necesarios tras varios meses lejos. Van Dijken podía notar como su novia se estremecía bajo las caricias que él estaba proporcionándole a su cuerpo. Le encantaba ser el único capaz de llevar a Vermeer hasta ese punto, y aun más que eso, le gustaba mucho que ella también fuera capaz de lo mismo con él. La sexy y flamante nueva administradora de empresas no tardo mucho en reaccionar, volteando la situación a su favor. Esta vez fue ella quien beso al holandés, llevando las manos a su espalda, encendiendo la llama un poco más. Ardjan se vio arrinconado, sin otra salida más que responder al beso y disfrutar de las caricias. Ja, como si eso le fuera imposible. Dejo caer el peso de todo su cuerpo sobre ella, limitándose a mover apenas la pelvis buscando un inocente roce en la zona baja de Bärbel. El beso se vio interrumpido, Bärbel decidió cortar la emoción del momento para llevar al bebé a su nueva cuna.

La respiración del castaño ya era bastante agitada, tenía el corazón muy acelerado y todo su cuerpo estaba caliente. Y apenas le tomo cinco minutos, aquella mujer era increíble.

– ¿Segura que está dormido? – Indago el muchacho, siguiendo con la mirada cada movimiento de su novia. Sonríe al ver a las dos personas más importantes de su vida juntas, a su mujer y a su pequeño hijo en sus brazos. No había una postal mejor. Ardjan grabaría esa escena por siempre en su mente. – Te sienta muy bien ser madre, te hace más sexy. – Rio un poco, acomodando mejor el cuerpo en la cama, esperando por el regreso del amor de su vida. – Estaba por devorarte, mi amor. – Contraataco, ya sin ser disimulado. La deseaba, no podía seguir resistiéndose a ella. Quería hacerle el amor ahora mismo, en su nueva hogar. No existe mejor forma de estrenar una casa.

Aun con la mirada fija en Bärbel, Ardjan aguanto ansioso hasta sentir el peso de la rubia sobre su cuerpo. La admiro en silencio, devorando el cuerpo de ella con la mirada que la recorrió por completo. Sus senos, su abdomen… todo en ella era perfecto y ardiente. Acaricio con ambas manos las mejillas de Bärbel, bajando hasta su cuello. Fue un gesto bastante tierno, un poco ajeno al momento que pedía caricias un poco más osadas. Aun así Ardjan necesitaba demostrar que la amaba inmensamente, que ella era el centro de su universo junto con Morgan. Que el deseo físico se mezclaba con el amor que necesitaba expresar de una forma diferente, en un ambiente más intimo. – Yo igual, y mucho. – Contesto y la beso lento. Sin notarlo, Ardjan ya estaba retirando la blusa de Bärbel. Fue un acto inconsciente, producto de todo el deseo acumulado. – Te amo… – Pronuncio el muy suave, rozando sus labios con los de ella al hablar. El beso quedo pausado, aun así las distancia entre ambos era casi inexistente salvo por algunos milímetros.

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Re: ¡Bienvenido a casa, bebé! | Bärdjan

Mensaje por Bärbel A. Vermeer el Lun Abr 25, 2016 6:35 pm

Ssshh, ¿vas a dudar de mis capacidades para hacer dormir a nuestro bebé?—respondió con calma a aquella pregunta de Ardjan, dedicándole una mirada incitante, mordiendo con ligereza su labio más carnoso, sintiendo cómo la piel se le erizaba de sólo imaginarse bajo su cuerpo, a la merced de sus deseos sin detenerse a pensar en nada más. Los cuerpos se entendían y reaccionaban al otro, y ello iba mucho más allá de química: había amor y entendimiento con sólo una mirada. Una mirada fija de aquellos ojos cafés de él bastaban para que las pupilas de Bärbel se convirtieran en dos bolas de fuego, las primeras chispas de lo que sería un momento apasionante—. ¿Tú crees? No sé si te dije pero también mi deseo sexual está aumentado—susurró despacio contra su boca y pegó su frente a la suya, manteniendo esa pausa, notando cómo el calor subía hasta sus mejillas—. Ahora puedes hacerlo, amor—miró sus ojos un momento y se relajó con esas caricias amorosas, que la encendieron aún más aunque tal vez Ardjan no había tenido esas intenciones. Tener sexo no era solo ser rudo y fuerte, requería paciencia y calma, tiempo para disfrutar hasta de lo más insignificante, conectarse y lograr lo mejor; ellos lo entendían.

El encuentro de sus bocas era música para los oídos de la rubia, una melodía erótica que había extrañado increíblemente y que ponía su cuerpo al máximo. Cosquillas intensas nacieron de su abdomen y descendieron por su pelvis, su entrepierna y hasta la punta de los dedos de sus pies. Un suspiro escapó de sus labios y sintió con claridad cada vez que el pecho de Ardjan se engrandecía al respirar y luego esas ganas contenidas terminaba en su boca. Los dedos de él levantaron su blusa y no pasó mucho para que estuviera fuera mientras el beso quedaba expectante. Bärbel mordió el labio de Ardjan y lo jaló con sus dientes, con delicadeza y seguridad, sabía que era capaz de comérselo entero pero no era el momento, apenas estaba empezando—. Te amo mucho más, ¿lo sabes?—se irguió sobre él y apoyó sus manos en su abdomen, sonriendo de lado con el calor presente en su rostro—. Saquemos esto...—habló y de a uno, fue desbotonando la camisa blanca de Ardjan a medida que sus labios iban dejando besos por su pecho. Parecía no tener prisa pero ciertamente, con cada caricia, el deseo crecía.

Logró quitar su camisa y se fundió en otro beso de mayor intensidad, juntando su lengua con la suya. Sonrió y una de sus manos tocó tus pectorales, su abdomen, arañando, apretando, bajando más hasta la zona más deseable de su cuerpo. Beso desde sus labios hasta su oreja, un camino caliente mientras la mano de la rubia tocaba su intimidad sobre su pantalón, donde el calor de su cuerpo se concentraba—. Amor...—un susurro pasible cargado de excitación y luego, un llanto. Bärbel se sobresaltó un poco y volvió la mirada rápidamente hasta la cuna de Momo: el llanto prosiguió y fue más fuerte. No puede ser, no ahora, se lamentó y volvió a ver a Ardjan—. ¿Puedes creerlo? Se nota que es Van Dijken...—comentó como broma y dejó un beso corto en los labios de Ardjan antes de alejarse con mucho pesar de su cuerpo. Seguía caliente, seguía deseando estar con él pero con Morgan llorando era imposible. Se asomó a la cuna y lo alzó entre sus brazos—. ¿Por qué me haces esto, Momo?—dijo con voz quejosa y sonrió con cierta pena—. Ya, ya, no llores, mi amor—acomodó al niño sobre su hombro y sostuvo con delicadeza su cabeza, moviéndolo de un lado a otro hasta que de a poco el llanto se fue apagando—. Creo que no quiere que me pongas un dedo encima—jugó con sus palabras mirando al castaño.

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Re: ¡Bienvenido a casa, bebé! | Bärdjan

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